Un operativo preventivo permitió interceptar a motociclistas que realizaban pruebas de velocidad y destrezas no autorizadas, muchas de ellas difundidas en tiempo real por redes sociales. La Justicia analiza los registros para ampliar imputaciones.
Un preocupante episodio de conducción temeraria se registró este sábado en la ciudad y en tramos de las rutas 12 y 26, donde un grupo numeroso de motociclistas realizó pruebas de velocidad y maniobras peligrosas, generando desorden en el tránsito y una marcada contaminación sonora.
Según informó la Comisaría Zona Sur, el accionar fue advertido a partir de reiterados llamados de vecinos que alertaron sobre el riesgo que implicaban estas conductas tanto para los propios motociclistas como para terceros. En ese marco, móviles policiales iniciaron un seguimiento preventivo del grupo, integrado por entre 60 y 70 motos, cuyos desplazamientos y maniobras eran incluso transmitidos en vivo a través de teléfonos celulares, amplificando el alcance de una conducta ilegal y altamente riesgosa.

Durante el operativo, y con registros fílmicos del seguimiento, se logró interceptar en un camino vecinal a Montoya a una motocicleta Yamaha YBR de color negro, con dos ocupantes de 19 años, ambos oriundos de la localidad de Maciá. Tras dar intervención al fiscal en turno, se dispuso la aprehensión de los jóvenes y el secuestro del rodado, además de un soporte para teléfono, un cable USB, dos teléfonos celulares y dos cascos.

Los detenidos fueron notificados por el supuesto delito previsto en el artículo 193 bis del Código Penal, que sanciona las pruebas de velocidad o destrezas no autorizadas, y por resistencia a la autoridad en flagrancia. Asimismo, quedó pendiente el análisis exhaustivo del material audiovisual secuestrado, ya que los videos —algunos transmitidos en tiempo real— podrían permitir la identificación e imputación de otros participantes del grupo.
Desde el ámbito policial se remarcó la gravedad de este tipo de prácticas, que no solo infringen la ley sino que ponen en serio riesgo la vida propia y la de terceros. La difusión en vivo de estas maniobras, lejos de ser un juego o una demostración, expone una conducta que puede derivar en consecuencias irreversibles. El caso vuelve a encender la alerta sobre la necesidad de conciencia vial y responsabilidad en el uso de la vía pública.







